viernes, 1 de septiembre de 2017

El lector - Roland Barthes

"Un texto está formado por escrituras mú1tiples, procedentes de varias culturas y que, unas con otras, establecen un diálogo, una parodia, una contestación; pero existe un lugar en el que se recoge toda esa multiplicidad, y ese lugar no es el autor, como hasta hoy se ha dicho, sino el lector: el lector es el espacio mismo en que se inscriben, sin que se pierda ni una, todas las citas que constituyen una escritura; la unidad del texto no está en su origen, sino en su destino, pero este destino ya no puede seguir siendo personal: el lector es un hombre sin historia, sin biografía, sin psicología; él es tan sólo ese alguien que mantiene reunidas en un mismo campo todas las huellas que constituyen el escrito. Y ésta es la razón por la cual nos resulta risible oír cómo se condena la nueva escritura en nombre de un humanismo que se erige, hipócritamente, en campeón de los derechos del lector. La crítica clásica no se ha ocupado nunca del lector; para ella no hay en la literatura otro hombre que el que la escribe. Hoy en día estamos empezando a no caer en la trampa de esa especie de antífrasis gracias a la que la buena sociedad recrimina soberbiamente en favor de lo que precisamente ella misma está apartando, ignorando, sofocando o destruyendo; sabemos que para devolverle su porvenir a la escritura hay que darle la vuelta al mito: el nacimiento del lector se paga con la muerte del Autor".

lunes, 5 de junio de 2017

El temor a la errata

"El temor a la errata es la única inmoralidad 
que puede cometer un escritor 
que escriba con libertad y libertinaje". 

Ramón Gómez de la Serna

lunes, 1 de mayo de 2017

El islote deseable - El Pobrecito Hablador

"El editor que mejora al autor es, hasta cierto punto, el islote deseable", escribe el Pobrecito Hablador en Zenda, en "Bórreme de su editorial y su memoria". A propósito de algunas recientes polémicas en las redes releo ese artículo y comparto lo que, dice el Pobrecito Hablador, pasó con Raymond Carver:
"Cuando se cumplieron diez años de la muerte del cuentista norteamericano, su editor, Gordon Lish, y su viuda, Tess Gallagher, alegaron, ni más ni menos, que fueron ellos quienes habían moldeado y confeccionado por completo la obra de Carver. Ellos habían aportado ideas, corregido y reescrito sus relatos casi por completo.
El periodista D.T Max fue de los primeros en husmear, reconstruir publicar todo el asunto. Intrigado por aquello, el reportero de The New York Times fue a Bloomington a visitar una biblioteca a la cual Gordon Lish había vendido todas las cartas y los escritos a máquina de Carver en los que estaban incluidas sus correcciones. D.T Max fue y revisó. Leyó uno de los libros de Carver (De qué hablamos cuando hablamos de amor) e hizo cuentas. Resultado: en su trabajo de editor, Gordon Lish había eliminado casi el cincuenta por ciento del texto original de Carver y había cambiado el final a diez de trece cuentos. Con el tiempo, los lectores descubrieron que Lish había quitado a Carver el excesivo sentimentalismo y dio a sus personajes esa especie de planicie emocional y verbal que tanto se asocia al estilo del escritor, así como esos finales abruptos con que terminaba los relatos..."
Y sí, creo que el buen editor es el que, invisible, hace brillar un texto. 

miércoles, 26 de abril de 2017

“Se acabó Sant Jordi para mí” - Andreu Martin

«Las leyes del mercado me han puesto en mi sitio. Ha quedado claro que a mis casi 50 años de profesión no he hecho méritos suficientes para ganar determinados premios, para ser considerado publicable en determinadas editoriales ni para que la radio y la televisión consideren que la aparición de un libro mío sea un acontecimiento.

»Continuaré escribiendo, porque no puedo evitarlo y porque me debo a los lectores que me animan y me miman, y nos encontraremos siempre que quieran y me llamen, pero que no me esperen donde no me corresponde. No en los asientos reservados para “best-sellers”, no en “diadas-realities” exclusivas de quien vende más, no en los premios que solo premian a premiables, no en páginas culturales demasiado exquisitas para mí.

»Este año, lectores míos, no estaré en los puestos de firmas de las Ramblas. Ah, y basta ya de llamarme maestro o número uno en nada. En el actual mundo del libro, los maestros son los que más venden, y no conviene que yo me crea que soy lo que no soy.

»No sé cómo será vuestro mundo cultural ideal, pero éste no tiene nada que ver con el mío.»

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Carta al director del diario El Periódico de Catalunya.

jueves, 9 de marzo de 2017

Nuevo oficio editorial: lector de sensibilidad

A manera de los defensores de las audiencias, quiero creer, algunas editoriales han optado por contratar o asignar a alguno de sus editores la tarea de "lector de sensibilidad", en estos tiempos en que cualquier detalle, caracterización o escenario puede ser visto como "atentatorio". Según se nos explica en Lecturalia,
La mayoría de estos lectores están trabajando para autores que están desarrollando su novela, para que, desde un principio, los personajes y situaciones no sean irreales u ofensivas, pero algunas editoriales ya están utilizando este tipo de filtros para seleccionar sus manuscritos. En un mundo donde un sencillo tuit de denuncia puede desatar una tormenta mediática, no es de extrañar que muchos quieran tanto cubrirse las espaldas como aprender de sus errores.
El debate sobre la libertad creativa, sobre el respeto al otro, está en la mesa. Hay quienes hablan de autocensura, o de mutilación de obras fundamentales de la literatura universal, y la consecuente no publicación de obras geniales pero políticamente incorrectas. Pero como apunta Ryan Holiday, no podemos dar gusto a todas las opiniones. Es hasta peligroso. Se vale comentar.

martes, 21 de febrero de 2017

De párrafos y líneas en blanco (Jorge de Buen Unna)

«El autor debe determinar cuidadosamente la extensión de los párrafos. A primera vista, y antes de leer, el perceptor descubre en estos bloques de palabras amalgamadas uno de los primeros significados. Si son cortos, los párrafos adquieren tenuidad y ligereza, y estimulan al lector, invitándolo. Cuando largos, dan una impresión de mayor densidad y exigen más concentración.

»Un escrito bien compuesto se vale de la retórica y ciertos auxilios técnicos para facilitar el acercamiento entre el autor y el perceptor. Los cambios de renglón, la renovaci6n de párrafos, la aparición de un renglón en blanco...; en fin, todas las interrupciones en el texto, cuando tienen razón de ser y responden a un planeamiento adecuado, funcionan como estímulos en el ánimo del lector.

»Para el diseñador editorial, la primera tarea debe ser intentar comprender la estructura de la obra, si es que el autor atinó a prestarle alguna. En sus primeros acercamientos con el texto, el editor tendrá que reconocer la participación de cada párrafo en la jerarquía, marcando aquellos en los que deben tenerse consideraciones especiales. En seguida hará un recuento de los diversos patrones que necesita crear, construyendo una lista ordenada por categoría o rango.

»El texto es, con mucho, la mayor parte de una obra normal; por ende, sus características determinan las de los demás rangos. Algunos editores utilizan letras de mayor tamaño que las del texto para los órdenes superiores, mientras otros prefieren denotar la organización dejando áreas blancas de diversas dimensiones, arriba y abajo de los párrafos destacados. Por lo general, los órdenes inferiores se denotan con letras más pequeñas...»

En Manual de diseño editorial (Santillana, 2000)