domingo, 7 de agosto de 2016

Cambios en la profesión editorial

«Pasó el tiempo y todo mutó dramáticamente. Aparecieron colecciones sobre el libro como las del Fondo de Cultura Económica y dossiers de importantes revistas relativos a la edición. Los editores fueron protagonistas y vedettes (Herralde, Barral, Hidalgo o Borras). La técnica fue valorada. El libro no solo fue contenido, mirado por historiadores, sino también oficio, objeto y artesanía. Las miradas sobre lo editorial y sus estéticas estaban, pero no eran sistematizadas. Un ejemplo: la historia empieza a reconocer la labor de los grandes editores colombianos que antes eran invisibles. Entre cientos de casos, se me ocurren dos evidentes: Santiago Mutis con su labor en Colcultura o Felipe Escobar y Patricia Hoher en el Áncora Editores. Y en alguna parte se dirá que fue un bar de salsa del centro de Bogotá el que publicó la primera novela de Tomás González, autor hoy hurtado por Planeta por varios millones.»

"Estudiar para editar libros", por Nicolás Morales. Completo en Revista Arcadia.

lunes, 27 de junio de 2016

Criterios editoriales - Mario Muchnik

«¿Cuáles eran mis criterios? En primer lugar que el autor supiera escribir. Hay muchos autores cultos que no saben escribir. Y no me refiero únicamente a ese oído musical imprescindible para que la prosa “cante”, como puede cantar a veces la poesía. Me refiero sencillamente al saber usar los verbos, saber conjugar; al saber deletrear y acentuar las palabras; al tener una noción de la función de los puntos y las comas; en una palabra, al haber aprendido alguna vez lo que se enseña en las escuelas primarias. Es sorprendente hasta qué punto escritores de ley presentan manuscritos que, juzgados sólo por reglas gramaticales, serían rechazados por maestros de instrucción básica.

En segundo lugar, el contenido de la primera página. Siempre dije: una novela debe comenzar en la página 1. Es igualmente sorprendente la cantidad de autores que se sienten en la obligación de explicar la novela antes de entrar de lleno en ella. Y aunque en una novela como José y sus hermanos Thomas Mann inflija al lector unas cien páginas de filosofía antes de poner en marcha la acción, no perdamos la perspectiva y el sentido de la medida: Thomas Mann, como Lev Tolstói, era capaz de transformar cien páginas de filosofía en novela mediante el arte consumado de su prosa. Otros autores no lo son.»

martes, 14 de junio de 2016

Corregir...

"El corrector de estilo no solo detecta y soluciona asuntos relacionados con la ortografía o las erratas, sino que debe tener la capacidad sobre el texto de aportar sugerencias para que este sea fluido y lo pueda hacer lo más legible posible, si fuera el caso".

"Después de señalar algunas sugerencias se le envía el manuscrito al autor para que las revise. Luego él las devuelve, a veces con más correcciones o sugerencias o cambios, y en la editorial se vuelven a leer, hasta que ese manuscrito se convirte en lo que se llaman galeradas, y luego en pruebas corregidas, y así hasta las correcciones definitivas".

Ana Laura Álvarez, en El País.

jueves, 9 de junio de 2016

Librerías

«La librería es uno de los eslabones más frágiles dentro de la cadena de creación y valor del libro, porque a la crisis económica se ha sumado la reconversión del negocio editorial. En España en 2008 había unas 7.000 librerías y en 2014 la cifra descendió a 3.600, siendo ese año el más dramático: se cerraron 912 de estos establecimientos, es decir, unos dos cada día.

»Por eso resulta admirable que en medio de esta situación crítica alguien se atreva a abrir una librería. Y son varios los quijotes que lo han hecho. Uno de ellos ha sido Óscar García al crear la Librería Cervantes y Compañía, en Madrid. Fue en 2012, en mitad de la crisis. Ahora la librería está en la calle Pez, en el barrio de Malasaña, y se ha convertido en un espacio cultural donde la venta de libros es un pretexto para charlar con los escritores, presentar obras, hacer pequeñas piezas de teatro basadas en libros, actividades infantiles y muchas más cosas.»

"9: el librero", En El País.

miércoles, 8 de junio de 2016

Maltrato editorial

«En el mundo del libro hay un maltrato generalizado. Pero porque hay poco dinero en la cadena. La gente no se da cuenta de que cuando compra un libro de veinte euros no está pagando a un editor, ni a un distribuidor, ni a un librero. Sino que hay un corrector, un maquetador, un diseñador, un ilustrador, por supuesto, un traductor que tiene que comer. Come mucha gente de esos veinte euros. El autor está maltratado, pero no más que otros. El autor, el ilustrador, el traductor cobran un anticipo a cuenta de los royalties. El que menos royalties cobra es el traductor, siempre. Es algo universal en todos los países, pero lo importante es que cobre royalties. No sé si sabéis que la traductora de El señor de los anillos no cobró royalties: ¿cuántos miles y miles de ejemplares se han vendido? Pues eso. Cobró una cantidad a tanto alzado, para siempre. Durante mucho tiempo eso fue una norma, se pagaba una cantidad más alta de la que pagamos ahora, pero a cambio si el libro vendía un millón de ejemplares no cobrabas nada de ello.


Fragmento de "Editar en tiempos revueltos: Nórdica", publicado por Bárbara Ayuso y Ricardo Jonás G. en Jot Down

jueves, 19 de mayo de 2016

Cinco pistas para detectar a un "no" editor

Primer paso inesperado
Respuesta ultrarrápida. 
Contrato abusivo.
Libros mal corregidos o mal maquetados. 
Distribución inexistente.

Publicistas, mercaderes, editores malos. Llámeseles como se les llame, son buenos puntos los que propone Covadonga González Pola en Culturamás. Aquí el enlace.