martes, 21 de noviembre de 2017

De Antonio Ortuño en la Revista de la Universidad de México

"Los correctores de estilo, como los árbitros del futbol, no son los ídolos de nadie pero sí los niños de azotes de muchos. Triste oficio, el de enderezar los yerros de aquellos que se supone que, al escribir, deberían procurar los aciertos. Y dura condición, la de quien debe leer obligado (la labor es tan ingrata que prácticamente no hay correctores de estilo voluntarios, sino casi solamente empleados o mercenarios) y llevarse, a cambio de muy pocos pesos, los gritos y embestidas de autores megalómanos, desdeñosos o confusos —pero siempre tercos—, incapaces todos, en cualquier caso, de entregar sus escritos tal y como es debido. Y de revisarlos a cabalidad. Y de consultar diccionarios. Y de…"
Antonio Ortuño, "Emborronados", en en el blog de la Revista de la Universidad de México.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Día Nacional del Libro y la Lectura (México) - Alexandro Roque

1. Borgiano
Que otros se jacten de los libros que han escrito, y Borges se jacte de los libros que ha leído. Yo me jacto de los que he corregido y en algo he ayudado a sus autores a llevar a cabo más eficázmente su cometido.


2. Náufrago
No sé qué islas desiertas me llevaría si me extraviara en un libro pero llevaría un puñado de hojas, lápiz y botellas.
Va mi botella al mar en prenda. Voy por ella.


3. El hombre invisible
¿Cuántas veces han ocultado, sin reproche de mi parte, mi nombre en tantos libros en los que hay algo de mí (tiempo, sinónimos, puntuación)? ¿Cuántas veces me ha dado gusto?


4. Compulsión
No se puede sacar de la sangre, veneno y antódoto a la vez. Se trata de escribir, de desnudarse o imaginarse desnudo, a veces con otro cuerpo, con otra forma de ser. Sí, como en los sueños.


5. Oración
Líbrame, señor, de una sola realidad. Enseñoréame, libro, de otras realidades.

6. Viceversa.
Solía hablar acerca de los libros que cambiaron mi vida. Hoy se trata de las vidas que cambiaron mis libros.

7. Columna crimentales en el diario Pulso
Día del Libro y la Lectura



viernes, 27 de octubre de 2017

27 de octubre: Día Mundial de la Corrección

«A los que escriben doctamente y para unos pocos entendidos, hombres que no temerían ni aun las críticas de Persio y Lelio, más bien los tengo por dignos de lástima que por dichosos, puesto que se hallan sometidos a un perdurable tormento; en efecto, añaden, modifican, suprimen, vuelven a escribir lo que habían tachado, insisten, rehacen, aclaran, guardan el manuscrito los nueve años de que habló Horacio antes de decidirse a publicarlo, y ni aun así están jamás del todo satisfechos. La vana recompensa de merecer las alabanzas de unas cuantas personas cómpranla a fuerza de vigilias, con grave detrimento del sueño, don dulcísimo sobre todas las cosas y a costa de fatigas y de martirios, a lo que hay que agregar el menoscabo de la salud, ruina del cuerpo; la oftalmía y aun la ceguera, la pobreza, las rivalidades del oficio, la abstinencia de los placeres, la vejez anticipada, la muerte prematura y otros sufrimientos por el estilo, males todos que el sabio juzga compensados con obtener la aprobación de algún que otro pelagatos como él...»

Elogio de la locura, Erasmo de Rotterdam

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Para leer:
El grave error de no corregir una obra literaria

viernes, 1 de septiembre de 2017

El lector - Roland Barthes

"Un texto está formado por escrituras mú1tiples, procedentes de varias culturas y que, unas con otras, establecen un diálogo, una parodia, una contestación; pero existe un lugar en el que se recoge toda esa multiplicidad, y ese lugar no es el autor, como hasta hoy se ha dicho, sino el lector: el lector es el espacio mismo en que se inscriben, sin que se pierda ni una, todas las citas que constituyen una escritura; la unidad del texto no está en su origen, sino en su destino, pero este destino ya no puede seguir siendo personal: el lector es un hombre sin historia, sin biografía, sin psicología; él es tan sólo ese alguien que mantiene reunidas en un mismo campo todas las huellas que constituyen el escrito. Y ésta es la razón por la cual nos resulta risible oír cómo se condena la nueva escritura en nombre de un humanismo que se erige, hipócritamente, en campeón de los derechos del lector. La crítica clásica no se ha ocupado nunca del lector; para ella no hay en la literatura otro hombre que el que la escribe. Hoy en día estamos empezando a no caer en la trampa de esa especie de antífrasis gracias a la que la buena sociedad recrimina soberbiamente en favor de lo que precisamente ella misma está apartando, ignorando, sofocando o destruyendo; sabemos que para devolverle su porvenir a la escritura hay que darle la vuelta al mito: el nacimiento del lector se paga con la muerte del Autor".

lunes, 5 de junio de 2017

El temor a la errata

"El temor a la errata es la única inmoralidad 
que puede cometer un escritor 
que escriba con libertad y libertinaje". 

Ramón Gómez de la Serna

lunes, 1 de mayo de 2017

El islote deseable - El Pobrecito Hablador

"El editor que mejora al autor es, hasta cierto punto, el islote deseable", escribe el Pobrecito Hablador en Zenda, en "Bórreme de su editorial y su memoria". A propósito de algunas recientes polémicas en las redes releo ese artículo y comparto lo que, dice el Pobrecito Hablador, pasó con Raymond Carver:
"Cuando se cumplieron diez años de la muerte del cuentista norteamericano, su editor, Gordon Lish, y su viuda, Tess Gallagher, alegaron, ni más ni menos, que fueron ellos quienes habían moldeado y confeccionado por completo la obra de Carver. Ellos habían aportado ideas, corregido y reescrito sus relatos casi por completo.
El periodista D.T Max fue de los primeros en husmear, reconstruir publicar todo el asunto. Intrigado por aquello, el reportero de The New York Times fue a Bloomington a visitar una biblioteca a la cual Gordon Lish había vendido todas las cartas y los escritos a máquina de Carver en los que estaban incluidas sus correcciones. D.T Max fue y revisó. Leyó uno de los libros de Carver (De qué hablamos cuando hablamos de amor) e hizo cuentas. Resultado: en su trabajo de editor, Gordon Lish había eliminado casi el cincuenta por ciento del texto original de Carver y había cambiado el final a diez de trece cuentos. Con el tiempo, los lectores descubrieron que Lish había quitado a Carver el excesivo sentimentalismo y dio a sus personajes esa especie de planicie emocional y verbal que tanto se asocia al estilo del escritor, así como esos finales abruptos con que terminaba los relatos..."
Y sí, creo que el buen editor es el que, invisible, hace brillar un texto.